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miércoles, 20 de julio de 2016

LECTURAS DE VERANO

No puedo disimular lo mucho que me gusta este mono de Zara. Me lo pondría cada día y de hecho desde que lo tengo, ya lo he hecho varias veces. Es fresco, cómodo y yo me veo muy bien con él. Con largo midi y un estampado de flores en tonos potentes me parece que tiene un aire retro que me chifla.
Añadir además que es de rebajas y su precio fue fantástico. 
¿Os gusta?

Por cierto, he retomado la lectura y después de machacar el libro de "Un Monstruo viene a verme", ahora me he adentrado en el mundo Betacoqueta. Acabo de empezar y espero engancharme a todas sus sagas. ¿Conocéis a la escritora? ¿que opinión os merecen sus libros?

Deciros también que el de "Un monstruo viene a verme" es una historia conmovedora, de las que cautiva el corazón y te hace llorar a lagrima viva, en mi caso durante un buen rato. Os admito que lo pasé mal, lo sufrí, pero lo recomiendo. Es en realidad un cuento, literatura juvenil, pero que como adulta y sobre todo como madre me ha hecho empatizar mucho con la historia. 

Si queréis recomendarme algún libro interesante soy toda oídos!

Recordaros que podéis seguirme a través de Instagram aquí: @lucybertolucchi.

Gracias, mil gracias por estar ahí.














domingo, 17 de julio de 2016

QUERIDA CHICA DEL BAÑADOR VERDE

El otro día nos juntamos un grupo de amigas en la piscina. Todas madres y treintañeras. 
En un momento de esos únicos en los que los niños estaban tranquilos, de esos que ocurren cada muy poco tiempo y que suelen ser un misterio, raudas y veloces nos permitimos mantener una conversación. Un lujo, la verdad. 
El tema versó sobre cómo hemos cambiado todas fisicamente. Los años, los embarazos, la falta de tiempo para hacer deporte y la falta de ganas sobre todo, el comernos todo lo que nuestros hijos van dejando como si fuéramos auténticos contenedores etc, etc, eran algunos de los motivos que expusimos para justificar la razón de nuestros kilos de más, estrías, celulitis y flaccidez, entre otros. 
Conversamos y empezamos a explicar cómo eramos cada una de nosotras hace años, cuando éramos adolescentes. De nuestra boca salían frases cómo: pues yo tenía un pecho diez y yo unas piernas firmes, pesaba 10 kilos menos, etc, etc... 
Pero fijaros lo que son las cosas, ninguna en ese momento estábamos agusto con nuestro cuerpo. Todas sufríamos de algún complejo o de muchos y llegábamos a hacer grandes tonterías como llevar siempre una sudadera atada al trasero, o jamás nos poníamos faldas por que odiábamos (así tal cual) nuestras piernas.. y un largo etc digno de estudio.
A fecha de hoy, todas nos sentimos mucho más cómodas con nuestro físico sin ser lo perfecto que era hace años, estamos más seguras y todos esos complejos se han quedado aparcados en esa época que ya nos queda lejana que es la adolescencia, la terrible y dura adolescencia.
Éramos insultantemente jóvenes y ya por eso nuestros cuerpos eran bellos al igual que los son ahora. No tengo la tripa tan firme ni plana cómo entonces, pero han servido de hogar a lo que yo más quiero. Mi pecho tampoco es ni por asomo cómo antes, pero ha sido el precio que he pagado por vivir la experiencia de la lactancia y de haber podido alimentar a mis hijos con lo mejor que les podía ofrecer y mis piernas no tienen la firmeza que poseían, pero me permiten correr y seguir a mis polluelos por donde van. 
Así que sí, me siento bien conmigo por que este cuerpo ha dado vida y lo ha hecho dos veces, ¿cómo no sentirme orgullosa de él?
Tengo dos hijos y quiero que se quieran siempre, y que cuando lleguen esos difíciles años nunca sufran de complejos ni de sufrimientos derivados de la búsqueda del cuerpo perfecto,.
El cuerpo perfecto es el que cada uno tenemos, el que nos permite respirar, correr reírnos, en definitiva vivir.

Y en relación con esta reflexión que os expongo hoy os dejo este texto que leí hace unos días a través de Facebook y con el que me sentí realmente identificada y que es tan bonito, sincero...ojalá todas esas adolescentes de bañador verde crean que son perfectas, y cómo dice la autora, Jéssica Gómez, se les enfatice, por que con casi toda seguridad no lo creerán...
QUERIDA CHICA DEL BAÑADOR VERDE:
Soy la mujer que está en la toalla de al lado. La que ha venido con un niño y una niña.
Primero que nada, decirte que estoy pasando un rato muy agradable junto a ti y tu grupo de amigos, en este trocito de tiempo en el que nuestros espacios se rozan y vuestras risas, vuestra conversación 'transcendental' y la música de vuestro equipo me invaden el aire.
¿Sabes? He alucinado un poco al darme cuenta de que no sé en qué momento de mi vida he pasado de estar ahí a estar aquí: de ser la chica a ser "la señora de al lado", de ser la que va con los amigos a ser la que va con los niños.
Pero no te escribo por nada de eso. Te escribo porque me gustaría decirte que me he fijado en ti. Te he visto, y no he podido evitar verte.
Te he visto ser la última en quitarte la ropa.
Te he visto ponerte detrás de todo el grupo, disimuladamente, y quitarte la camiseta cuando creías que nadie te miraba. Pero yo te vi. No te miraba, pero te vi.
Te he visto sentarte en la toalla en una cuidada postura, tapando tu vientre con los brazos.
Te he visto meterte el pelo tras la oreja agachando la cabeza para alcanzarla, quizá por no mover los brazos de su estudiadísima posición casual.
Te he visto ponerte en pie para ir a bañarte y tragar saliva nerviosa por tener que esperar así, de pie, expuesta, a tu amiga, y usar una vez más tus brazos como pareo para taparte: tus estrías, tu flaccidez, tu celulitis.
Te vi agobiada por no poder taparlo todo a la vez mientras te ibas alejando del grupo tan disimuladamente como antes lo hiciste para quitarte la camiseta.
No sé si tenía algo que ver, en tu descontento contigo misma, que la amiga a quien tú esperabas se soltaba su larguísima melena sobre una espalda a la que sólo le faltaban unas alas de Victoria's Secret. Y mientras tanto tú ahí, mirando al suelo. Buscando un escondite en ti misma, de ti misma.
Y me gustaría poder decirte tantas cosas, querida chica del bañador verde... Puede que porque yo, antes de ser la mujer que viene con los niños, he estado ahí, en tu toalla.
Me gustaría poder decirte que, en realidad, he estado en tu toalla y en la de tu amiga. He sido tú y he sido ella. Y ahora no soy ninguna de las dos -o acaso soy ambas aún- así que, si pudiera dar marcha atrás, elegiría simplemente disfrutar en lugar de preocuparme -o vanagloriarme- por cosas como en cuál de las dos toallas, la suya o la tuya, prefiero estar.
Quisiera poder decirte que he visto que llevas un libro en tu bolsa, y que cualquier vientre que ahora tenga tus dieciséis años perderá, probablemente, su tersura mucho antes de que tú pierdas la cabeza.
Me gustaría poder decirte que tienes una preciosa sonrisa, y que es una pena que estés tan ocupada en ocultarte que no te quede tiempo para sonreír más.
Me gustaría poder decirte que ese cuerpo del que pareces avergonzarte es bello sólo por ser joven. ¡Qué coño! Es bello sólo por estar vivo. Por ser envoltorio y transporte de quien en realidad eres y poder acompañarte en cuanto haces.
Me encantaría decirte que ojalá te vieras con los ojos de una mujer de treinta y pico porque quizás entonces te darías cuenta de lo mucho que mereces ser querida, incluso por ti misma.
Me gustaría poder decirte que la persona que algún día te quiera de verdad no amará a la persona que eres a pesar de tu cuerpo, sino que adorará tu cuerpo: cada curva, cada hoyito, cada línea, cada lunar. Adorará el mapa, único y precioso, que dibuja tu cuerpo y, si no lo hace, si no te ama así, entonces no merece que le ames.
Me gustaría poder decirte que -créeme, créeme, créeme- eres perfecta como eres: sublime en tu imperfección.
Pero, ¿qué te voy a decir yo, si sólo soy la mujer de al lado?
Aunque, ¿sabes qué? Que he venido con mi hija. Es la del bañador rosa, la que juega en el río y se está untando en arena. Hoy sólo le ha preocupado si el agua estaría muy fría.
A ti no te puedo decir nada, querida chica del bañador verde...
Pero todo, TODO, se lo voy a decir a ella.
Y todo, TODO, se lo diré a mi hijo también.
Porque así es como todos merecemos ser queridos.
Y así es como todos deberíamos querer. 
Jéssica Gómez
Mi look: Cómodo y básico compuesto de prendas de otras temporadas. 

 







viernes, 8 de julio de 2016

MONO BERSHKA

Llegamos a viernes con un mono de Bershka que me puse el fin de semana pasado. Es comodísimo y además tiene un precio fantástico, 15,95€. Me gusta con sandalias y bailarinas, como en esta ocasión, pero sobre todo me lo pongo con zapatillas blancas. Queda muy pero que muy guay. 
Seguro que en otro post os lo podré mostrar por que es un look al que recurro bastante estos últimos días. 

Un mono en nuestro armario es una de esas prendas totalmente necesarias por varios motivos, pero sobre todo por que con una sola pieza vas vestida. Dependiendo del calzado podemos ir muy casual o bastante arregladitas. 
Tenemos monos  para todos los gustos y para todas las morfologías con lo cual siempre encontraremos alguno perfecto para nosotras y además los hay preciosos y resulta difícil resistirse a ellos.

Desde que hicieron aparición en las tiendas yo me declaré fan absoluta de ellos y a fecha de hoy sigo siéndoles muy fiel.

Este en concreto que os muestro es super versátil, me lo he puesto con sandalias de tacón y complementos más de arreglar y ha quedado un outfit super resultón, sencillo y vistoso y sin embargo con zapatillas, converse o sandalias planas nos apañan una tarde de compras donde buscamos comodidad. Incluso es perfecto para una tarde piscinera. 
Por menos de 16 euros, podemos tener un montón de posibilidades.











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