martes, 27 de enero de 2015

BOTAS TAUPE

Hay dos cosas que han cambiado en mi de aquí a unos años atrás. La primera es que nunca salgo de casa sin al menos un poco de BB cream y colorete. La otra es que paso más tiempo con zapatillas de deporte que con cualquier otro calzado.
Hasta hace un par de años, eran pocas las ocasiones en las que yo me maquillaba para salir de casa. Los días de diario con la cara limpia y mi hidratante era suficiente. Ahora no. Necesito aunque sea sólo para llevar a los niños al cole y luego volver a casa, unificar mi piel. No creo que ahora tengo peor cutis que antes, pero si que me he vuelto más exigente y es imprescindible dar la sensación de buena cara. Verme mejor hace que también me sienta mejor. No tardo nada en añadir ese cuidado especial y la mejoría es más que evidente.
Mi otro cambio es con respecto al calzado. Jamás iba con zapatillas de deporte. Las utilizaba única y exclusivamente para eso, hacer deporte, o para ir al campo. El hecho de que la moda las haya integrado en estilismos de calle, combinando deportivas con abrigos, vestidos, y pantalones que no son tejanos, han hecho que yo cada vez me vaya acostumbrando más a vestirme con ropa que no es deportiva y añadir mis zapas para dar un toque, digamos diferente. Si a eso le añadimos la comodidad que me supone pues imaginaros lo fan que soy de esta tendencia.
El otro día hablando de esto con una amiga, me dijo que una vecina suya que tiene setenta años aún lleva unos altísimos tacones. Ella le pregunto como tenía valor para tirar de semejantes zancos y ella le respondió que si se bajaba de ellos sabía que jamás volvería a ponérselos y que es esa sería su decadencia. Eso me hizo pensar y decidí rescatar estas botas con tacón que me he puesto poquísimo y durante la semana pasada no me las quité. He de admitir que el primer día moría de ganas de sacármelas y enfundarme mis New Balance pero aguanté un día tras otro y terminé acostumbrándome. Eso sí, yo seguiré fiel a mis deportivas aunque me voy a obligar, de vez en cuando, a subirme en un buen tacón por que la sensación es positiva, (quitando el dolor de pies, claro), te sientes femenina, poderosa y eso de vez en cuando se necesita.








lunes, 26 de enero de 2015

BOHO

¿Cómo ha ido el fin de semana? el nuestro estupendo, en familia, sin nada programado pero disfrutando del buen tiempo que nos ha acompañado. A pesar de haber estado muy agusto, sin ningún niño malo (que no es poco), sin motivo aparente, el sábado por la noche tuve un recuerdo que me provocó mucha añoranza. No hace tanto tiempo, a eso de las nueve de la noche, empezaba cada sábado en casa de mis padres, un ritual: el de arreglarme para salir. A esas horas solía estar llena de ilusión por lo que la noche me fuera a deparar, por juntarme con mis amigas y ponernos al día y elegir el modelito que esa noche me iba a poner. Cenaba, me duchaba, vestía,  maquillaba y antes de salir pasaba por mis estilistas personales: mis padres. Daba igual lo acertada o no que hubiese estado en esa ocasión con el look. Mi padre siempre decía la misma palabra. Tras yo preguntar: "Papá, ¿que tal estoy? su respuesta, sin excepción, era: "arrebatadora". Y yo tan contenta que me marchaba a pasar un buen rato, sin preocupaciones, excepto lo mucho que al día siguiente tenía que estudiar.
No han pasado tantos años desde aquella época y sin embargo a pesar de sentirme joven, llena de ganas de salir, disfrutar, viajar, en definitiva de hacer cosas, soy otra persona. Soy adulta. Si tengo pendiente una salida nocturna, valoro mucho los pros y los contras de trasnochar. Ahora disfruto del día, de madrugar y dar grandes paseos con mis niños y sobre todo de acostarme prontito. 
Este sábado a eso de las nueve estaba maquillándome pero no para salir: jugaba con mi hija, estuve bailando, pero no en un local de moda: encima de una alfombra con los niños y me puse un modelito para ese "saturday night": mi pijama más cómodo...
La vida son etapas y aquella ya pasó aunque eso no quita que la recuerde con nostalgia.

Mi look: he rescatado mis pantalones de campana que ya alguna vez me habéis visto por aquí y los he combinado con un vestido que en esta semana lo vereis tal cual, mi abrigo más peludo y mi sombrero que tanto uso estoy dando este invierno.










viernes, 23 de enero de 2015

SOMBRERO H&M

Hay veces que necesito paz. Ocurre que me entra una especie de stress acústico y los culpables son los miembros de mi hogar que os aseguro que no callan ni debajo del agua. El fin de semana pasado, entre los fríos polares y que Guillermo estuvo malito, pasamos la mayor parte del tiempo en casa. Si os soy sincera, estuvimos muy agusto, inventando juegos, bailando y riendo sin parar, pero eso también acarreó en mi una consecuencia: saturación. Quienes sois madres me entendéis, verdad?
Llevo mucho tiempo sin tener intimidad en el baño y entre el stress acústico y la saturación, decidí  el domingo por la mañana, hacer algo que nunca antes había hecho: ducharme cerrando el pestillo. Cuando las pobres criaturas fueron conscientes que yo no estaba en ninguna parte de la casa, enseguida llegaron a la conclusión de que me encontraba en el "baño del cuarto" como lo denomina Alma. Como es costumbre en ellos, raudos y veloces, vinieron a acompañarme. Cual fue su sorpresa al descubrir que esa puerta no se abría. Alucinados y un poco temerosos fueron en busca de ayuda: ¡Papaaaaa, Mamá esta encerrada en el baño! Yo, que por supuesto, los escuchaba, decidí seguir disfrutando de mi rato en soledad, intentando mantenerme al margen de lo que fuera estaba sucediendo. Era mi momento y estaba dispuesta a disfrutarlo costase lo que costase!. De repente, oigo a mi marido,  muy decidido él, decir: "espera que ya te sacamos". ¡No me lo podía creer! En menos de un segundo la puerta estaba abierta. Resulta que el picaporte de mis baños tiene un sistema, como una especie de botón, que lleva una ranura. Si metes en dicha ranura una moneda y giras el pestillo se abre. Así se evita que los niños se queden encerrados. Yo no sabia si reír, llorar al dar por finalizada mi sesión de paz o matar al padre de las criaturas por haberme quitado ese rato mío. 
El caso es que sigo duchándome acompañada y mi niña me dice: mami tranquila que tengo una moneda guardada por si te vuelves a quedar dentro...

Mi look: nada nuevo, excepto los mocasines que ya os mostré en la anterior entrada. La bufanda amplia que llevo me la hizo mi madre y me encanta por bonita, calentita y sobre todo por que está confeccionada por ella.






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