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domingo, 17 de julio de 2016

QUERIDA CHICA DEL BAÑADOR VERDE

El otro día nos juntamos un grupo de amigas en la piscina. Todas madres y treintañeras. 
En un momento de esos únicos en los que los niños estaban tranquilos, de esos que ocurren cada muy poco tiempo y que suelen ser un misterio, raudas y veloces nos permitimos mantener una conversación. Un lujo, la verdad. 
El tema versó sobre cómo hemos cambiado todas fisicamente. Los años, los embarazos, la falta de tiempo para hacer deporte y la falta de ganas sobre todo, el comernos todo lo que nuestros hijos van dejando como si fuéramos auténticos contenedores etc, etc, eran algunos de los motivos que expusimos para justificar la razón de nuestros kilos de más, estrías, celulitis y flaccidez, entre otros. 
Conversamos y empezamos a explicar cómo eramos cada una de nosotras hace años, cuando éramos adolescentes. De nuestra boca salían frases cómo: pues yo tenía un pecho diez y yo unas piernas firmes, pesaba 10 kilos menos, etc, etc... 
Pero fijaros lo que son las cosas, ninguna en ese momento estábamos agusto con nuestro cuerpo. Todas sufríamos de algún complejo o de muchos y llegábamos a hacer grandes tonterías como llevar siempre una sudadera atada al trasero, o jamás nos poníamos faldas por que odiábamos (así tal cual) nuestras piernas.. y un largo etc digno de estudio.
A fecha de hoy, todas nos sentimos mucho más cómodas con nuestro físico sin ser lo perfecto que era hace años, estamos más seguras y todos esos complejos se han quedado aparcados en esa época que ya nos queda lejana que es la adolescencia, la terrible y dura adolescencia.
Éramos insultantemente jóvenes y ya por eso nuestros cuerpos eran bellos al igual que los son ahora. No tengo la tripa tan firme ni plana cómo entonces, pero han servido de hogar a lo que yo más quiero. Mi pecho tampoco es ni por asomo cómo antes, pero ha sido el precio que he pagado por vivir la experiencia de la lactancia y de haber podido alimentar a mis hijos con lo mejor que les podía ofrecer y mis piernas no tienen la firmeza que poseían, pero me permiten correr y seguir a mis polluelos por donde van. 
Así que sí, me siento bien conmigo por que este cuerpo ha dado vida y lo ha hecho dos veces, ¿cómo no sentirme orgullosa de él?
Tengo dos hijos y quiero que se quieran siempre, y que cuando lleguen esos difíciles años nunca sufran de complejos ni de sufrimientos derivados de la búsqueda del cuerpo perfecto,.
El cuerpo perfecto es el que cada uno tenemos, el que nos permite respirar, correr reírnos, en definitiva vivir.

Y en relación con esta reflexión que os expongo hoy os dejo este texto que leí hace unos días a través de Facebook y con el que me sentí realmente identificada y que es tan bonito, sincero...ojalá todas esas adolescentes de bañador verde crean que son perfectas, y cómo dice la autora, Jéssica Gómez, se les enfatice, por que con casi toda seguridad no lo creerán...
QUERIDA CHICA DEL BAÑADOR VERDE:
Soy la mujer que está en la toalla de al lado. La que ha venido con un niño y una niña.
Primero que nada, decirte que estoy pasando un rato muy agradable junto a ti y tu grupo de amigos, en este trocito de tiempo en el que nuestros espacios se rozan y vuestras risas, vuestra conversación 'transcendental' y la música de vuestro equipo me invaden el aire.
¿Sabes? He alucinado un poco al darme cuenta de que no sé en qué momento de mi vida he pasado de estar ahí a estar aquí: de ser la chica a ser "la señora de al lado", de ser la que va con los amigos a ser la que va con los niños.
Pero no te escribo por nada de eso. Te escribo porque me gustaría decirte que me he fijado en ti. Te he visto, y no he podido evitar verte.
Te he visto ser la última en quitarte la ropa.
Te he visto ponerte detrás de todo el grupo, disimuladamente, y quitarte la camiseta cuando creías que nadie te miraba. Pero yo te vi. No te miraba, pero te vi.
Te he visto sentarte en la toalla en una cuidada postura, tapando tu vientre con los brazos.
Te he visto meterte el pelo tras la oreja agachando la cabeza para alcanzarla, quizá por no mover los brazos de su estudiadísima posición casual.
Te he visto ponerte en pie para ir a bañarte y tragar saliva nerviosa por tener que esperar así, de pie, expuesta, a tu amiga, y usar una vez más tus brazos como pareo para taparte: tus estrías, tu flaccidez, tu celulitis.
Te vi agobiada por no poder taparlo todo a la vez mientras te ibas alejando del grupo tan disimuladamente como antes lo hiciste para quitarte la camiseta.
No sé si tenía algo que ver, en tu descontento contigo misma, que la amiga a quien tú esperabas se soltaba su larguísima melena sobre una espalda a la que sólo le faltaban unas alas de Victoria's Secret. Y mientras tanto tú ahí, mirando al suelo. Buscando un escondite en ti misma, de ti misma.
Y me gustaría poder decirte tantas cosas, querida chica del bañador verde... Puede que porque yo, antes de ser la mujer que viene con los niños, he estado ahí, en tu toalla.
Me gustaría poder decirte que, en realidad, he estado en tu toalla y en la de tu amiga. He sido tú y he sido ella. Y ahora no soy ninguna de las dos -o acaso soy ambas aún- así que, si pudiera dar marcha atrás, elegiría simplemente disfrutar en lugar de preocuparme -o vanagloriarme- por cosas como en cuál de las dos toallas, la suya o la tuya, prefiero estar.
Quisiera poder decirte que he visto que llevas un libro en tu bolsa, y que cualquier vientre que ahora tenga tus dieciséis años perderá, probablemente, su tersura mucho antes de que tú pierdas la cabeza.
Me gustaría poder decirte que tienes una preciosa sonrisa, y que es una pena que estés tan ocupada en ocultarte que no te quede tiempo para sonreír más.
Me gustaría poder decirte que ese cuerpo del que pareces avergonzarte es bello sólo por ser joven. ¡Qué coño! Es bello sólo por estar vivo. Por ser envoltorio y transporte de quien en realidad eres y poder acompañarte en cuanto haces.
Me encantaría decirte que ojalá te vieras con los ojos de una mujer de treinta y pico porque quizás entonces te darías cuenta de lo mucho que mereces ser querida, incluso por ti misma.
Me gustaría poder decirte que la persona que algún día te quiera de verdad no amará a la persona que eres a pesar de tu cuerpo, sino que adorará tu cuerpo: cada curva, cada hoyito, cada línea, cada lunar. Adorará el mapa, único y precioso, que dibuja tu cuerpo y, si no lo hace, si no te ama así, entonces no merece que le ames.
Me gustaría poder decirte que -créeme, créeme, créeme- eres perfecta como eres: sublime en tu imperfección.
Pero, ¿qué te voy a decir yo, si sólo soy la mujer de al lado?
Aunque, ¿sabes qué? Que he venido con mi hija. Es la del bañador rosa, la que juega en el río y se está untando en arena. Hoy sólo le ha preocupado si el agua estaría muy fría.
A ti no te puedo decir nada, querida chica del bañador verde...
Pero todo, TODO, se lo voy a decir a ella.
Y todo, TODO, se lo diré a mi hijo también.
Porque así es como todos merecemos ser queridos.
Y así es como todos deberíamos querer. 
Jéssica Gómez
Mi look: Cómodo y básico compuesto de prendas de otras temporadas. 

 







7 comentarios:

La Mary Posh dijo...

Pues yo también me veo mejor ahora ! Yo era muy canija y tenía muchos complejos! Ahora estamos estupendas! Un besazo bonita!

Mariky Life Style dijo...

La adolescencia es una etapa muy compleja, k nos ayuda a crecer, donde nos vemos imperfecciones por creer k no somos perfectas. Con el tiempo y madurez aprendemos a vivir como somos pues nuestro cuerpo refleja vivencias y experiencias.
Genial entrada Ana. ¿quién no ha sido en su adolescencia la chica del bañador verde?
mil besazos guapísima.

sleepy hollow dijo...

pero si estas estupendisima...con esa altura y esas perfectas caderas...sigue asi guapa

amarillofluorescente dijo...

Me ha encantado este texto, me veo muy reflejada en él, más en mi adolescencia ( yo era de jersey atado xa tapar culo) que ahora, orgullosa de ser cómo y quien soy. Supongo que mis hijos también lo sufrirán, en algún momento de sus vidas y que por más perfectos que xa mí sean ellos sólo verán imperfecciones en el espejo, sobre todo ellas. Pero creo que hay que pasarlo, parte de un proceso de maduración del que espero no perderme nada.
Bess guapa!

Maribel Martín dijo...

Que texto tan bonito...!! Yo la verdad es que me siento mucho mejor ahora que antes... Hasta en serio, creo que estoy mejor ahora!! ja aja aj
Yo era de las que ocultaba el pecho como podía... bajo camisetas amplias y tenia mucha barriguita...
Ahora no tengo ese tipo de complejos... tengo tantas cosas en qué pensar que eso pasa desapercibido...
Evidentemente que a todas nos gusta estar bien, y vemos cuerpos de bloggers que decimos... ya lo querría yo... pero luego es como que.... a otra cosa mariposa!!
En fin.. que tu no puedes quejarte!! estás estupenda!!!

el blog de renée

Marina dijo...

Precioso post y preciosa tú!

Besotes

dong dong23 dijo...

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