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martes, 11 de febrero de 2014

Etapas

Hace años tuve la suerte de cruzarme con alguien muy especial, Sara. Trabajamos juntas durante un tiempo en el mejor trabajo que he tenido nunca y desde entonces nuestra relación ha perdurado a pesar de seguir caminos profesionales diferentes. 
Durante esa época, ella que me llevaba adelanto en tema de maternidad, me contaba muchas cosas que por suerte mantengo en mi memoria y que ahora me viene de perlas recordar.
Yo por aquel entonces no tenía hijos y me sorprendían cosas tales como que disfrutaba madrugando muchísimo para ,con la paz de su hogar, poder tomarse un desayuno tranquilo mientras devoraba un buen libro, todo eso antes de que sus tres pequeños alborotasen la casa.
Otra cosa que me alucinaba es que nunca descuido ni su mente ni su físico y para poder mantenerse en forma acudía al gimnasio bien entrada la noche, cuando dejaba a sus retoños dormidos, naturalmente.

Recuerdos de mis charlas con Sara tengo a montones y ahora soy yo la que se despierta cuando aún no han puesto las calles para dedicarme un rato a mi, la que se va al gimnasio a horas que no apetece nada más que quedarse en el sofá viendo la tele, pero que es mi momento por que mis hijos duermen plácidamente y la que cuando tiene una duda existencial se pone en contacto con Sara que es de esas persona que a pesar de no vernos casi nunca ,cuando lo hacemos parece que no ha pasado el tiempo....
Ahora su hija mayor se está haciendo grande y yo le preguntó como lleva esa esa etapa a la que temo más que a un nublao, y ella con la filosofía y gracia que la caracteriza me contesta: es una etapa y la intento disfrutar. No puede llevar más razón, hemos de disfrutar cada momento de nuestros hijos, siempre estamos esperando algo, que anden, que vayan al colé, etc y nos preocupamos más por el futuro que por saborear el día a día. En algún sitio escuche que vivir del pasado se denomina depresión y del futuro ansiedad, así que vivamos el presente!

La otra noche le decía a Sara que me iba al gym a las horas intempestivas que iba ella y sonriendo me dijo que más adelante cambiare horarios pero para entonces me daré cuenta que mi hija tiene espinillas, que cuando planche tardare más por que la ropa es más grande que la misma plancha, yo pasare de los maravillosos treinta a ser cuarentona y los problemas de crianza serán algo más complicados...
Esto es la vida y esperó aprender a saborearla para no dejarme nada por disfrutar.
Gracias  Sara por tu forma de vivir que de algún modo también ha influido en la mía!


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